martes, 14 de agosto de 2012

sodot

                                                                      BRAZOS
Los ahora tres amigos estaban tristes por la forma en que habían encontrado a Cabeza. Decidieron estar mas atentos porque sabían que Onugnin los seguiría atacando hasta lograr la total eliminación de ellos.
La noche siguiente, estaba Brazos haciendo su guardia. De repente sintió una voz cantarina que parecía ser de mujer. En realidad era el canto de una sirena. Brazos no pudo ignorarla. Se sintió atraído, no podía evitar que su cuerpo siguiera esa voz. Su mente le decía que no, pero el cuerpo no le hacía caso. Brazos se perdió en la oscuridad de la noche.
Sodot y Piernas se despertaron al sentir los desgarradores gritos que venían de lo más profundo de la oscuridad. Inmediatamente agarraron unas antorchas para iluminar la noche.
Antes de ver nada sintieron los pasos de alguien que corría. Sodot y Piernas miraron hacia el lugar de donde venían los pasos y los gritos. Así vieron llegar corriendo a Brazos.
Corrían sin rumbo, golpeándose contra los árboles. Finalmente cayó. Y no pudo levantarse. No pudo levantarse porque no tenía brazos para hacerlo. No podía usar los brazos porque Brazos no tenía brazos. Onugnin los había cortado. 
Nuevamente en la noche el llanto de los dos sobrevivientes se mezclaba con la risa maléfica de Onugnin.
Sodot y Piernas sintieron frío en todo su cuerpo. Cabeza y Brazos estaban muertos. Sabían que la muerte les rondaba. Eso les provocaba el frío de la muerte, que es el peor de los fríos.

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