Los ahora tres amigos estaban
tristes por la forma en que habían encontrado a Cabeza. Decidieron estar mas
atentos porque sabían que Onugnin los seguiría atacando hasta lograr la total
eliminación de ellos.
La noche siguiente, estaba Brazos
haciendo su guardia. De repente sintió una voz cantarina que parecía ser de
mujer. En realidad era el canto de una sirena. Brazos no pudo ignorarla. Se
sintió atraído, no podía evitar que su cuerpo siguiera esa voz. Su mente le
decía que no, pero el cuerpo no le hacía caso. Brazos se perdió en la oscuridad
de la noche.
Sodot y Piernas se despertaron al
sentir los desgarradores gritos que venían de lo más profundo de la oscuridad.
Inmediatamente agarraron unas antorchas para iluminar la noche.
Antes de ver nada sintieron los
pasos de alguien que corría. Sodot y Piernas miraron hacia el lugar de donde
venían los pasos y los gritos. Así vieron llegar corriendo a Brazos.
Corrían sin rumbo, golpeándose
contra los árboles. Finalmente cayó. Y no pudo levantarse. No pudo levantarse
porque no tenía brazos para hacerlo. No podía usar los brazos porque Brazos no
tenía brazos. Onugnin los había cortado.
Nuevamente en la noche el llanto de
los dos sobrevivientes se mezclaba con la risa maléfica de Onugnin.
Sodot y Piernas sintieron frío en
todo su cuerpo. Cabeza y Brazos estaban muertos. Sabían que la muerte les
rondaba. Eso les provocaba el frío de la muerte, que es el peor de los fríos.
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